La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) refleja una nueva dimensión de la empresa preocupada en su sostenibilidad y no tanto en el corto plazo. Una triple visión -económica, social y medioambiental- que prima el desarrollo sostenible.

domingo, 28 de marzo de 2010

La RSC Sí crea riqueza y evita la pobreza

CONCLUSIONES DE LAS XIII JORNADAS CORRESPONSABLES EN BARCELONA

Un panel de expertos de reconocido prestigio de los ámbitos empresarial, político y de las escuelas de negocio debatieron el pasado 17 de marzo en Barcelona sobre el papel que debe desempeñar la Responsabilidad Social Empresarial, RSE, en la nueva Ley de Economía Sostenible, propuesta por el Gobierno español hace medio año y que se encuentra en fase de anteproyecto de Ley. La mesa redonda celebrada en el marco de la XIII Jornada Corresponsables, organizada por MediaResponsable –la editorial líder en Responsabilidad y Sostenibilidad- y además de recoger las principales dudas y retos que la RSE plantea en el futuro marco legislativo y que ahora se debate,abordó las claves para integrar este paradigma empresarial en la gestión.
Respecto a la Ley de Economía Sostenible, Juan Alfaro, secretario general del Club de Excelencia en Sostenibilidad, ha señalado que es importante que respete la voluntariedad de la RSE, “como parece que va a hacer al proponer medidas más de promoción que de regulación”. Para Josep Maria Rañé, presidente del Consell Econòmic i Social de Catalunya, esta nueva ley tendría que ser la excusa para la reedición de los Pactos de La Moncloa. “Debería serlo, pero no lo será, la situación lo impedirá, pero si estuviéramos a tiempo de rectificarlo nos iría bien a todos”.
Varios ponentes manifestaron su inquietud al considerar que este anteproyecto debería haberse propuesto antes. Ignasi Carreras, director del Instituto de Innovación Social de ESADE, aseguró que ya debería estar aprobada ya que “hoy no se sabe si pretende generar ocupación y cambiar el modelo económico a corto plazo o impulsar un cambio hacia la economía sostenible”. Desde el Consejo General de Colegios de Economistas, Valentí Pich, su presidente, quiso avisar que “si alguien piensa que un país se puede cambiar con una ley está equivocado, ya que es importante que se cree una dinámica en la que las empresas sigan a la realidad social”.
Credibilidad, competitividad y educación
La integración de la RSE en la gestión empresarial también ha sido objeto de debate. Carles Campuzano, diputado de CIU, ha insistido en la idea de la credibilidad: “Sin ella, el discurso sobre la RSE es hablar por hablar y eso hace un daño terrible en muchos aspectos de la vida colectiva”. Cristian Rovira, integrante de la Associació Independent de Joves Empresaris de Catalunya (AIJEC) ha insistido en que “la Responsabilidad Social ‘Competitiva’ es la única que tiene futuro”. Por su parte, Xavier Gangonells, director general de la Asociación Española de Directivos (AED) ha señalado la importancia de la honestidad: “No ser honesto ya no es una opción”. Para Gangonells, “el reto esencial radica en la educación y la formación en valores”. Finalmente, Josep Santacreu, presidente de la Comisión de RSE de la Cambra de Comerç de Barcelona, ha reflexionado sobre el concepto de sostenibilidad: “una palabra que actualmente inunda todos los ámbitos”.
Clausura
La clausura corrió a cargo de Xavier Pont, responsable de Iniciativas Económicas del Departamento de Economía y Finanzas de la Generalitat de Cataluña, y de María Duran, directora general de Responsabilidad Social del Gobierno Balear. Pont opinó que “sería un error pensar que la relación entre responsabilidad y competitividad es perfecta, deberíamos defender la RSE como una camino para ‘hacer empresa’ ya que ahora entendemos que las empresas deben responder a varios agentes y no solo a los accionistas”. Por su parte, Duran manifestó el esfuerzo que está haciendo el gobierno balear para difundir la RSE a pesar de los episodios ‘de irresponsabilidad’ en la gestión política que han surgido recientemente.
5ª edición del Anuario Corresponsables
La XIII Jornada Corresponsables ha permitido, además de analizar el papel de la RSE en el nuevo marco legal que propone el Gobierno, presentar la quinta edición del Anuario Corresponsables, la publicación de referencia en RSE de España. En motivo de su aniversario, el Anuario Corresponsables incluye importantes novedades. Más de 20 tribunas de presidentes, CEO y directores generales de las empresas pioneras en RSE. Es la primera vez que públicamente y por escrito tantos altos cargos apuestan por la RSE.
También incluye las conclusiones del segundo Desayuno Corresponsables, una entrevista multistakeholder con algunos de los principales representantes de los diferentes grupos de interés, y 300 buenas prácticas de pymes, tercer sector, administraciones públicas, mundo académico y medios de comunicación. En total, casi 2.000 organizaciones aparecen en esta quinta edición del Anuario Corresponsables.

Cuando el agua no sabe a nada

Cientos de miles de personas que viven en la ribera del Amazonas a su paso por Perú desconocían hasta hace siete años que el agua, cuando es potable, es transparente y no sabe a nada. Les extrañaba porque la que consumían la tomaban del inmenso río frente a sus casas, del mismo lugar donde se ubican las letrinas. El mismo en el que se aseaban y que aún es la zona de los pocos juegos que se pueden permitir los niños por estos lares. Así, el lugar donde se conserva el 10% de recursos de agua dulce del planeta se convertía con demasiada frecuencia en un cóctel ocre y mortal de parásitos. Dos millones y medio de euros han bastado para que más de 400.000 personas puedan evitar morir por problemas derivados de beber agua insalubre. Un proyecto de vida que originó, en contraste, una alarma de muerte.
La ONG española Bomberos Unidos Sin Fronteras (BUSF), en colaboración del Ayuntamiento de Madrid, inauguró hace siete años en Iquitos, capital del departamento peruano de Loreto, un parque de bomberos. Era el primero que tenía esta urbe, ubicada en el corazón de la selva, y que es hoy en día la ciudad más grande del mundo -sin contar islas- a la que no se puede acceder por carretera. Coincidió que en apenas unos días fallecieron cinco niños de uno de los poblados cercanos por infecciones causadas por el agua. Y nació, con ello, el proyecto de potabilización que ha cambiado la vida de la zona más deprimidas de Perú y una de las más pobres de Latinoamérica.
Nueve plantas potabilizadoras después, el panorama en lugares como Delfines es otro. "Era una ciudad que se moría, porque la gente se marchaba. Desde que pusimos nuestra primera planta potabilizadora es la situación contraria. La ciudad no para de crecer y además se está desarrollando", explica Ángel García, presidente de BUSF. Si se tomara Madrid como referencia, este poblado "era antes la Cañada Real [infierno de droga y pobreza en la capital de España] y ahora sería como Pozuelo", indica Tomás Vera, asesor del área de Asuntos Sociales del Ayuntamiento de Madrid.
La vida con un grifo
Hay zonas como Belén, catalogada de pobreza extrema por la ONU, a la que con ciertas dosis de imaginación se ha bautizado como la Venecia del Amazonas, castigadas también por la lacra del turismo sexual y la trata de niños, en las que el agua potable sirve para poner un rayo de luz. Los niños que van al colegio no tienen ni para cuadernos, muchos andan descalzos, viven en rudimentarias viviendas de madera cuyo primer piso se eleva unos dos metros para evitar que las crecidas anuales del Amazonas se los lleve por delante, en casas sin puertas ni privacidad.
Pero ahora al menos están sanos y han aprendido lo que es la higiene, explica Pilar Torel, profesora del colegio de Belén. "Hemos tenido que enseñarles incluso que hay que lavarse las manos. Antes de tener agua potabilizada se ponían enfermos muchas veces y se ausentaban constantemente del colegio".
Luis Guayunga, regidor de esta localidad donde viven unas 5.000 personas con economía de subsistencia (pesca en canoas de madera y agricultura básica), la parasitosis ha descendido en un 90% en estas zonas rurales. Antes, un 7% de los niños moría antes de cumplir cinco años.
Y todo gracias a un grifo. Una de las familias invita a visitar el que tiene en su casa. El hombre abre su sonrisa y una especie de manguera. De ahí sale el agua que ahora beben, con la que cocinan y con la que rellenan unos baldes en los que se bañan su esposa y sus dos hijos. El más pequeño mira una diminuta televisión. El mayor, Michel, un adolescente con vocación musical, sí recuerda que solía ponerse malo cuando bebía, entre su casa y dos letrinas, el agua recién salida del Amazonas.
'De receptores a dadores'
El proyecto de BUSF nació con vocación de crear plantas autosuficientes, con la colaboración de personal local. Los vecinos tienen que pagar una pequeña cantidad y los municipios colaboran para desarrollar parte del proyecto. Quien no lo hace, no recibe agua. Es una forma, según explican los cooperantes, de que también tomen conciencia de la importancia del agua potable. Ni siquiera los regidores de estas localidades parecían ser conscientes de ella. "Muchos nos decían: 'Aquí hagan otros proyectos, hagan carreteras. Pero no traigan agua, que tenemos toda la del Amazonas'", recuerda el presidente de la ONG. La receta funciona y el personal que trabaja en las plantas de las poblaciones cercanas a Iquitos se han convertido en cooperantes fuera de sus fronteras. Dos de los empleados en Belén se encuentran ahora en Haití, ayudando a la instalación de plantas potabilizadoras a raíz de la situación de emergencia tras el terremoto que destruyó Puerto Príncipe y dejó más de 200.000 muertos. "Han pasado de ser receptores a dadores. Y son los más indicados en una situación de emergencia, porque están acostumbrados a trabajar en esas condiciones", añade.
El ciclo se completa. El agua mantiene la vida y la cooperación crea cooperación. No es algo que no podría hacer el Gobierno de Perú, señalan los cooperantes. Pero las promesas de potabilizar agua se venían arrastrando desde hace décadas. Pero en Iquitos y alrededores viven cerca de 1.200.000 habitantes y el verdadero oro líquido aún no llega a medio millón.
Fuente: Lucía González (El Mundo)